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marzo 13, 2013

Carlitos vs Kev

Trataré de probar una idea que pasa por mi cabeza en estos últimos días. ¿En qué programa de televisión piensas si describo una serie narrada por un hombre adulto que cuenta sus días de niñez y adolescencia, en la que también vemos  los cambios en la moda a partir de finales de los sesentas, los conflictos bélicos, la influencia de la dictadura en la vida cotidiana, la inserción de la televisión en el día a día, las interacciones sociales en una familia clasemediera?  En realidad espero que la respuesta que haya formulado tu cabeza sea Los años maravillosos, serie estadounidense transmitida en México en las décadas de los ochentas con repeticiones hasta el cansancio en los noventas, sin embargo, para que esa descripción estuviese completa habría que añadirle las peripecias de un adolescente enamorado y eliminar la dictadura. Efectivamente, no me refería a Kevin suspirando por Winnie Cooper; sino a Carlos Alcántara, quien en su niñez absorbe la España de 1968, con el franquismo por delante y las historietas —tebeos en España— en sus manos. Bueno si pensaste en la versión gringa pues quiere decir que tengo razón: Cuéntame cómo pasó es una copia de la serie que le dio fama a Fred Savage. Sin embargo acotarlo a una simple copia es algo que deja muy mal parado al éxito español que lleva catorce temporadas contra las seis que consiguió lo que en España se conoció como Aquellos maravillosos años.

Cuéntame —lo dejamos así porque es el nombre con el que se refieren cariñosamente en España a esta serie— dibuja de manera puntual el ámbito social de esa España, que a final de cuentas es un pedacito muy representativo de lo que pasaba en gran parte del mundo. Vemos cómo una familia vive con el franquismo; con las devaluaciones; la introducción del nylon y lo que ésto condujo en la moda: las faldas, las blusas pegadas, los pantalones estrechos, los biquinis, etc.; los gitanos, la discriminación, el racismo, la educación, el control de la natalidad, el machismo, la liberación femenina y muchas otras cosas que no puedo enumerar porque voy en el capítulo seis de doscientos cuarenta y dos. Por supuesto, planeo verlos todos.

La serie española, con indiscutible éxito internacional, profundiza cada pedazo momento de la Historia española y lo hace desde la vivencia de sus personajes, como si estuvieses ahí. Lo más importante es que comprendes lo que parte de la sociedad vivía. Me parece que esa es la gran diferencia con Kevin, creciendo con amor, llamada así en Argentina, pues si bien ésta toca algunos acontecimientos históricos inclusive metiendo a su personaje principal en una campaña electoral fallida, nunca logra hacerte parte del acontecimiento puesto que la trama se recarga en las relaciones amorosas de Kevin a tal punto que lo que la gente que quien no conoce el final —que me atrevo a asegurar, son la mayoría, supongo— se pregunta “¿se casaron Kevin y Winnie?” Esa, en definitiva, es la diferencia mayor.

No puedo finalizar este texto sin elogiar la elección de Cuéntame, tema de la serie del tema de la serie: Cuéntame, interpretado por Ana Belén y David San José. Está tan pintadita la canción que me hace preguntar si acaso dio pie a la idea original de la serie. Televisión Española comparte todos los capítulos, por lo que si alguien se interesa en verla la liga es: http://www.rtve.es/television/cuentame/capitulos-completos/

febrero 27, 2013

Está mal

En realidad están mal muchas cosas. La primera que me viene a la cabeza son los teléfonos inteligentes, que no es que estén mal todos, por ejemplo si alguien se quiere deshacer de un Galaxy S III soy la persona indicada para recibirlo. Sin embargo existen algunos de estos celulares listillos que pertenecen a la gama baja, hecha para quienes soñamos que tenemos un aparatejo que “piensa” más que los otros, pero que no contamos con los recursos suficientes para alcanzar el cielo. ¿Consecuencia? Te acabas la memoria en dos días y terminas por desear un Galaxy S III. Tampoco es precisamente que estén mal los celulares de gama baja, lo que está mal es la publicidad engañosa, la prisa por vender y no ahondar en las necesidades de la clientela y sobretodo que yo no tenga un Galaxy S III. Eso está desmesuradamente mal.
Segundo. Está enormemente mal que las empresas fabricantes de teléfonos celulares que ocupan el mercado mexicano ¡te quiten la garantía si lo rooteas! :-o  ¿Rootear? En palabras simples es tomar el control total del S.O. Android—. Claro algunas veces el teléfono vale pa’ puro bolillo, pero si como fabricantes te ayudaran a hacerlo y así explotar al máximo tu teléfono (de cualquier gama) no pasarían desastres, que a final de cuentas están considerablemente mal y algunas veces, cabe reconocer, también divertidos.

En el tercer punto regreso al engaño y por qué no al Galaxy S III y de paso incluyo al Note, hermosos ambos pero una no sabe si son teléfonos con complejo de tableta o tabletas con complejo de teléfono. Si te decantas por alguno de estos, ni en la publicidad, ni en las tiendas te dicen dónde lo vas a guardar: en el pantalón no cabe, en la camisa tampoco, en los bolsillos de chamarras o abrigos tampoco… a final de cuentas es inguardable, eso, está mal. Mientras que por su lado los celulares de gama baja y guardables “fingen”, sí fingen, ser listos y ¡hasta son táctiles! Así pues, el que unos sean inguardables y que los otros finjan, por supuesto, está tremendamente mal. Claro, yo me las arreglaré para solucionar ese detallito. ;-)

¿Qué es un teléfono inteligente en manos de alguien, digamos, más primitivo?... ¡Muy bien contestado! —igualito que con Dora— un teléfono común y corriente pero con pantallota y difícil de manejar porque siempre que le pican algo les saca otra cosa. Resulta que cuando se los roban, los tiran al excusado, los meten a lavar con la prenda que traían, los tiran a una cubeta, se les cae y los aplasta el micro, los muerde el perro, etcétera sufren amargamente porque perdieron toooodooo y ¿porqué? Pues porque nunca lo respaldaron, ellos ni usan la compu “¿pa´que?” Así que por supuesto, eso está desesperantemente mal.

Y finalmente el precio. El, por el momento, inigualable Galaxy S III cuesta —en una tienda que te ofrece garantía y esas cosas— once mil 500 pesos, es ofensivo. Hasta la tableta de la misma marca y de diez pulgas cuesta dos mil menos! Por supuesto que eso está exageradamente mal. Aunque por supuesto siempre te puedes comprar uno de esos que piensan hasta por mil quinientos pesos, pero ya sabes que no podrás bajarte muchas de esas maravillas de play store o tendrás que rootearlo, con los riesgos que esto conlleva.