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diciembre 10, 2013

Lentes



Hace unos días viendo la serie tan mencionada en este blog: Cuéntame cómo pasó, sacaron unos lentes de una fosa que además contenía dos cadáveres presas de la Guerra Civil Española. Unos lentes obscuros, grises y con un vidrio estrellado. Inmediatamente pensé en otros lentes.

Cuando Allende fue asesinado, además de las canciones y las pintas, nos quedaron sus lentes, bueno uno de ellos. Alguien reconoció y recogió la gafa del que fuera presidente de Chile y hoy son exhibidos en el Museo Histórico Nacional de ese país. Esos lentes de pasta negra, esos lentes que enmarcaban sus ojos, esos lentes de líneas rectangulares, gruesos, compañeros en cada discurso, testigos de esas últimas horas al transmitir desde El Palacio de la Moneda, vigías de las llamas precipitándose y los muros caer. Pensar que en algún tiempo Salinas usó unos muy parecidos y Miguel de la Madrid y Zedillo y Díaz Ordaz y Echeverría y otros tantos. Lentes comunes, seguro que en tu familia encuentras a alguien con unos del mismo tipo. El punto está en que no todos fueron partidos a la mitad en un bombardeo, no todos acompañaron a esos ojos vivos a apretar los párpados antes de disparar contra sí, no todos volaron divididos por los aires. Esos sólo son de Salvador Allende. Cierto es que algunas personas dudan de la autenticidad de estos y otras los dan por buenos. Habrá que escuchar todas las versiones.

Lennon usó varios tipos de lentes, uno con armazón metálico, los que tenía en aquella habitación de hotel junto a su amada Yoko Onno; los obscuros que portó junto con esa playera de New York City; los, para él inusuales, obscuros y cuadrados de armazón metálico; y los que llevaba ese día a las afueras del Dakota. Son unos lentes de armazón de pasta transparente. En marzo Yoko decidió inconformarse por la posible legalización de más armas en Estados Unidos. Lo hizo mostrando al mundo, a través de su cuenta de twitter, una foto de aquellos lentes. Fue impactante. En esta imagen, al fondo se aprecian las siluetas de edificios de una gran ciudad envueltos en bruma; los lentes están sobre una superficie blanca y brillosa que permite en sí el reflejo de los anteojos. Los lentes miran al espectador. El ocular izquierdo tiene sangre seca, y está estrellado, el derecho está casi intacto; pareciera que ha sido el ojo que ha acompañado a su musa desde el final de 1980. Lentes de famoso, compositor, cantante, amoroso y pacifista. Lentes de Lennon.

Yo, uso lentes, mi pareja, mi madre, mi maestro, todos mis hermanos, la mayoría de mis sobrinas, amigas, amigos y mi padre. Usamos lentes. Sabemos que son esa prótesis que nos permiten ver el camino que pisamos, que nos ayudan a ver la luna redonda y ya no ovalada, identificar toooodos los verdes de cada árbol, esos elementos que enderezaron nuestro cuello y quitaron los dolores de espalda, cómplices de nuestras miradas morbosas, estorbos en el amor, compañeros en vida y muerte.


Cuando la vida se me vaya quiero que me velen con mis lentes y realmente deseo que no tengan sangre, pero, si la tienen quiero que así se conserven.

noviembre 06, 2013

Música on line

Hace aproximadamente unos catorce años descubrí la computación. Mi amiga Lulú me abrió mi primer cuenta de correo en hotmail —que aún conservo— y en los meses siguientes comenzamos a utilizar sin parar ese servicio de chat que al teclear se escuchaba una máquina de escribir y cuando te llegaba un mensaje sonaba el característico "ah-ahh", ICQ, era la neta del planeta. Aprendí a enviar archivos, quitarle el sonido y a la par descubrí Napster.

No sé qué cantidad de música habré bajado, pero me hice de mis primeros discos de Ismael Serrano, completé algunos de Silvio y descurbrí a Daniel Viglietti. Mis amigas y yo nos servimos con la cuchara grande de esa conexión T1 que teníamos a mano y recordamos a Daniela Romo, Enrique y Ana y por supuesto Juanito Farías. Napster, el primer servicio P2P, tenía un espacio para chatear con quien te estaba bajando las canciones o a quien se las bajabas tú. Así conocí a un chico argentino que al igual que yo disfruta de Sabina y con el que hace poco dejé de escribirme. Napster es irrepetible. Las leyes lo prohibieron y... bueno ya sabemos cómo acabó esa triste canción de amor.


El caso es que una década y casi un lustro nos separa de ese bum del chat y la descarga de música (en MP3). Hoy ya ni siquiera quedan rastros de Napster y ICQ perdió tanta fuerza que muchos creen que desapareció. Sigue siendo igual de bueno.

Para la pobre gente postnapster de este veinte trece voy a dejar dos recomendaciones que si bien no se comparan de ninguna manera con el gatito con audífonos seguramente les pueden dotar de cierta alegría que siempre propaga la música.

Spotify. Es una plataforma con la que puedes escuchar música. Puedes hacer, playlist, búsquedas por cantante, canción o género. Cuenta con un espacio donde puedes escuchar radio de algún género preferido. Y por supuesto también te sugiere novedades. Existe la opción de descargarse la app para la computadora, teléfono o tableta. Está la opción gratuita que tiene comerciales y la de paga que te da libertad. Me gustó porque sació mis ganas de escuchar algo más que la música almacenada en mi Walkman o en la PC.

Grooveshark Este es un servicio de música, también en línea, que permite búsquedas por álbum, cantante o canción. Me recordó un poco al gatito porque descubrí versiones de algunas canciones fascinantes. Es muy cómodo, armas tu playlist y sigues trabajando. No consume muchos recursos, aunque como es lógico pues sí algo de ancho de banda.

¿Ares? Jajajaja, ¡cómo creen! Olvídenlo, para mí no es más que un nido de ponzoñosos virus. Me sorprende que lo sigan usando. La gente ha tenido que disfrazar tanto los nombres de las canciones y cantantes que tardas años en encontrar lo que realmente buscas. Lo que sí te descargas son puros problemas. Para buenas descargas mejor usar un torrent pero esa es otra historia por completo.

Y aunque digan que no, claro que sí, sí que te puedes hacer de esas canciones que escuchas on line; pero eso se lo dejaremos a la creatividad de cada quien.