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junio 26, 2013

Diccionario

Dice mi mamá que me parezco a mi papá porque uso el diccionario cuando no conozco algo, y si alguien me pregunta suelo ir a este librote y leerle la respuesta de ahí o bien darle la herramienta. El caso es que un día, hace años, escuchaba a Mecano tumbada en el piso, deteniendo en alto la antena de mi receptor de FM, captando con el cuerpo entumecido Oldies but goodies de la famosa Estéreo 97.7, grabando y regresando para borrar los comerciales. Ese día salió por las bocinas la voz de Ana Torroja cantando a un hombre que tenía un “bigote rocococo” y al cual le pide que se reencarne en lápiz o en papel... y Cadaqués... y surrealista... y anacoreta... y catalán... y Gala... y Dalí. Mi ignorancia era tal, que no entendía la mitad de la canción, sobre todo eso de Dalí ¿qué era eso? Al final, por lo menos entendí que se trataba de una persona y que seguramente hacía dibujos y/o pintaba. Como era costumbre elevé mi osamenta y me dirigí a ese único librero que existía en mi casa, ubiqué la enciclopedia de Walt Disney —que ostentaba, ostenta, aplicaciones en crayola que datan de la niñez de mis hermanos y mía— y junto a ésta se encontraba el Pequeño Larousse Ilustrado —el de pasta roja—, lo tomé e hice lo mismo con el Pequeño Larousse en color —el de pasta negra. Pasé de un golpe la primera sección, crucé ese grupo de hojas rosadas que dividía los nombres propios de los comunes —hojas que nunca supe qué contenían a pesar de mi afán de recurrir a menudo al diccionario— y llegué a la D, la D-a, la D-a-l, y antes de encontrar la D-a-l-i vi en una ilustración de unos dos centímetros por tres —tal vez soy optimista— una imagen impactante: era un Cristo crucificado que colgaba-flotaba del cielo y debajo estaba el mar y un pescador, era el Cristo de San Juan en la Cruz. El catolicismo extremo que vivía por aquella época me hizo rendirme doblemente ante tal belleza, para mi sorpresa era obra de ése al que yo buscaba. Así que no sólo descubrí que Dalí lleva acento, sino que también pintaba increíblemente. Corrí por una biografía a la papelería y, dado que era más actual que mi diccionario, descubrí que él había muerto y yo tuve nueve años para conocerlo y no lo hice; no sabía que existía. Amé a Mecano, los sigo amando: me enseñaron a Dalí, me condujeron al surrealismo. La palabra más rara de aquella canción fue ascetas sobretodo porque lo que transcribí de aquella cinta fue aztecas, tiempo después descubrí que era ascetas, en fin, yo y mi mal oído. En los años siguientes busqué en otras fuentes y vi El perro andaluz y La edad de oro y después de leer y admirar y entender: hoy cuelgan de los muros de la casa litografías de Remedios Varo.

Dado que solía grabar ese programa en audiocasetes, y en esa ocasión Oldies estaba homenajeando al trío español tuve la fortuna, sí: fortuna, de escuchar con detenimiento y muchas veces varias de sus canciones. Al ir oyendo la discografía completa de Mecano descubrí historia, posturas y palabras, de éstas últimas dejo una breve lista que busqué y aún lo hago cuando la memoria me falla:



junio 12, 2013

¡México, siempre fiel!

Estado laico - Ahumada
La Jornada, 16 de diciembre de 2011
“Te negaré tres veces antes de que llegue el alba” no es de ninguna manera igual a  “me negarás tres veces antes de que llegue el alba”. La primera es autoría de Pablo y la otra de Jesús. Sí, el mismo al que le entregaron las llaves de cierta ciudad norteña. No hay nada mejor que la laicidad de nuestro gobierno.

Cuando trabajé en el gobierno del estado, fueron a bendecir, no una, ni dos, sino tres veces el nuevo edificio —obviamente para la tercera ya no era tan nuevo—, el cual durante años fue un elefante blanco sobre la avenida Atlixcáyotl. Yo creo que entre el hurto de los materiales mientras estaba en obra y los años de abandono han de haber creído que estaba muy salado. Y ahí fue el entonces vocero de la Arquidiócesis, Eugenio Lira Rugarcía, con su agua dándole la bendición a cada ladrillo, cada cristal y cada peldaño supuestamente laico.

¿Cómo deshacernos de ésa, considerada por muchos, nuestra primera bandera? La Virgen de Guadalupe acompañando a Hidalgo a esas horas de la madrugada es una imagen reproducida hasta el cansancio, fija en nuestra mente. Somos católicos, incluso si hemos nacido en una familia chiapaneca que usa la chilaba. Somos católicos porque lo hemos aprendido de nuestras escuelas laicas, ésas que organizan misas para las graduaciones de kinder, primaria y secundaria. Los mormones mexicanos, aunque no quieran, son católicos; los cristianos, son católicos; hasta quienes han decidido dejar las religiones de lado, son católicos. Como diría Cristina Pacheco: aquí nos tocó vivir y el castigo, la culpa y los remordimientos están en las entrañas de nuestra gente. Así fue regulado nuestro comportamiento en la niñez, y continúa en la adultez. Llegas tarde: te quedas de rodillas; no pagas la colegiatura: no haces examen; tres retardos: te descuentan un día; suena tu celular en junta: y las miradas indican que te irás al infierno, y ahí te sientes. Siempre a garrotazos. Evitamos actuar mal —lo que sea que signifique esta palabra— para evitar el castigo, no para vivir en comunidad, no para respetar a los otros.

Otra muestra de la no laicidad de México es que votamos -quise decir votaron, yo hice lo posible por evitarlo- por un candidato que ondeó en campaña, al puro estilo independentista, un estandarte de la Virgen de Guadalupe. Yo creo que ése ha sido el acto más descarado e ignorante —de las leyes mexicanas— de un personaje que debiera acatar al Estado laico. No obstante qué podemos decir si otro fue a ver al Papa poco antes de iniciar las campañas y, ¡bueno, hasta en Los Pinos hay capilla!

Lo cierto es que el jueves y viernes santos son días de asueto para todos, los bancos no trabajan, son también vacaciones oficiales en las escuelas públicas y así se llaman “Vacaciones de semana santa”. El 25 de diciembre es feriado, las vacaciones de fin de año coinciden con esta fecha y para muchos trabajos también aplican. ¿Por qué no descansar cuando más frío hace que es enero? Ni qué decir del doce de diciembre que suelen dar medio día en algunas dependencias o incluso el día entero. No son costumbres, es la religión que camina por nuestra mitad de sangre española.

Es algo que arrastramos desde hace mucho tiempo: El color blanco de la bandera Trigarante significaba religión, era una de las tres garantías de nuestro pueblo; más tarde cuando adoptamos la bandera actual el blanco tomó el significado de unión, por eso los yunquistas detestan a Benito Juárez, por reformista y obviamente laico, cosa rara por su historia personal.

Ahondando un poco más en la historia podemos atar cabos: La guerra cristera terminó en 1929, año en el que también se fundó el Partido Nacional Revolucionario —PNR, hoy PRI— y el país toma por fin un tinte laico; pero llegados los años cincuenta inicia la Revolución cubana y el comunismo entra en auge, a los gringos les dan ñañaras y la derecha nacida en 1939 con el Partido Acción Nacional se fortalece. Los expresidentes Miguel Alemán (1946-1952) y Abelardo L. Rodríguez (1932-1934) se afiliaron al Frente Cívico Mexicano de Afirmación Revolucionaria, que no fue otra cosa más que la derecha articulada en el poder y puesta en marcha durante el mandato de Adolfo López Mateos (1958-1964), quien por cierto hacía le oficiaran misas particulares en la capilla de Los Pinos. Este último propicia la llegada de su sucesor, Gustavo Díaz Ordaz, quien formaba también parte de la derecha recalcitrante del priísmo, algo así como yunquistas pero tricolores. Ese señor que se declaró muy “orgulloso del año de 1968” metió a su gabinete como secretario de salud al general al médico militar Rafael Moreno Valle, abuelo del actual gobernador de Puebla, quien por supuesto comulgaba con la ideología del entonces presidente. Finalmente Rafael Moreno Valle Rosas representa, al paso de los años, a esa derecha más recalcitrante que la de su abuelo, esa derecha intolerante, esa derecha obceca, esa derecha anticomunista, esa derecha religiosa, esa derecha antigays, esa derecha tan terca que es capaz de montar una rueda de la fortuna que evidentemente ni los melquiadistas querían.

Le apuesto al Estado laico. Me siento más cómoda en él. Me gusta. Y si esa revolución y esa guerra y demás decretos ideológicos que declaran a México laico creemos que aún pueden servir de algo, tal vez debamos iniciar reubicando eso periodos vacacionales y renunciar a algunos días de asueto. Creo que no es correcto desafiar esos escritos y entregarle las llaves de una ciudad a Jesucristo; sin embargo lo entiendo y creo que hasta una parte de mí se lo esperaba.