El formato de 8 mm utilizado para hacer cine existe
desde la década de los treinta, eso si tomamos en cuenta el de 16 mm también
conocido como doble ocho, con éste la desaparecida Kodak hizo su agosto,
pues comenzó a dirigirse al sector doméstico. Más tarde creó el simple 8 mm que
tuvo su vigencia hasta muy entrada la octava década del siglo veinte, años en
los que el fenómeno del cine casero fue uno de los muchos tópicos por los que
hoy les recordamos.
Taca taca taca taca... ¿suena la matraca? ¡no! suena el
proyector, un sonido al que nos acostumbramos de muy buena gana quienes
teníamos el privilegio de vernos en una pantalla con movimientos un poco
entrecortados, pelusas gigantes en una mejilla y manchas negras que aparecían y
desaparecían con el avance de la película. Poca gente sabe que existe un
formato de esas peliculitas que contenía una banda magnética con sonido, el
predecesor del video electromagnético Betamax —beta pa’ los cuates—, llamdo Súper 8. No pudieron darle mejor nombre a algo que
era por mucho Superior a lo que se había conocido hasta el momento, Súper ocho,
y con este todos dejamos de ser Charlotte para convertirnos en El gran dictador.
Poner en marcha EL PROYECTOR era un acontecimiento
digno de hacer palomitas en esas ollas innovadoras en las que “sólo” había que
darle vuelta a la manivela para que no se quemaran, así que al sonido
característico también lo acompañaba el olor a cine y por supuesto los
intermedios, sólo que aquí eran muchos, muchos, muchos intermedios considerando
que una película de rollo pequeño (tres pulgadas) dura menos de cinco minutos.
Recuerdo que mis ojos se deslumbraban y lampareaban
en estas exhibiciones donde mis hermanos, tíos, primos y yo éramos los
protagonistas; ya que el foco que utilizan estos aparatos es de 50 wats (más o
menos) y su luminicencia no vence, de ninguna manera, a la luz de día; así que
había que esperar a que el astro rey fuese a iluminar a otra parte y dado que el cambio
de película debe hacerse con luz los ojos eran continuamente expuestos
a cambios bruscos para los ojos. Una particularidad de sendo aparato es que te
reproduce cinco minutos y tardas otros iguales en ponerlo a andar nuevamente,
es como hacer que el hilo llegue a la punta de la aguja de la máquina de coser,
sólo que con unos pasos extra entre alambres y tensores. Además la película de
8 mm y súper 8 tiene la particularidad de trozarse al exponerse al tiempo, el
clima y el polvo, así que después de varios años tenías que andar empalmando
(uniendo con materiales especiales) los pedazos de película.
Actualmente poca gente cuenta con un proyector de Súper
8, a lo mucho encuentras de 8 mm; sin embargo puedes pagar para que una empresa
te haga el transfer a dvd, blue-ray o algún formato para reproducción en pc.
Costco es una buena opción, aunque tardada. Lo que hay que cerciorarse es que
lo hagan con un telecine y no que graben la imagen directamente de la pantalla
pues pierde mucha calidad. Una alternativa es entrarle al programa ”Archivo
memoria” de la CinetecaNacional donde entregas tus películas, ellos las conservan e integran al
acervo y a ti te dan tus dvd’s, la gran desventaja aquí es que puedes perder los
derechos de autor además de tus carretes originales y cualquiera tiene la
posibilidad de utilizar tus imágenes para lo que le venga en gana.
Creo que esta noche haré palomitas y me sentaré —y
pararé cada cinco minutos— a ver “la galería del terror” como llaman mis
tiernos primos a esa recopilación de imágenes familiares.