Después de la rutina se envolvió en el celofán de los martes y salió de casa.
Al primer bostezo se tragó todo lo visible.
Las poblaciones internas crearon guerras para conquistar el hígado, el corazón y el vaso.
No tuvo opción: vomitó.
Después de todo no olemos tan ácido.
Al primer bostezo se tragó todo lo visible.
Las poblaciones internas crearon guerras para conquistar el hígado, el corazón y el vaso.
No tuvo opción: vomitó.
Después de todo no olemos tan ácido.
No cabe duda que hay momentos en que es necesario expulsar. Pero la rutina cotidiana a veces es un tanto impositiva y legitima más el proceso de deglución... Tal vez por ello es que a veces es tan satisfactorio vomitar
ResponderEliminarSatisfactorio y liberador. ciertamente: casi siempre deglutimos,pero mira que convertirnos en vomitada! Gracias por pasarte por aquí :)
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