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junio 06, 2013

Reflexión escatológica

Es increíble cómo una cosita de tan sólo cuatro o cinco kilos haga tales cantidades de caca y aguada, sea de la especie que sea. Cuando yo era adolescente, mi hermana no tenía quién le cuidara a su hija, la primer sobrina directa. Yo me rehusaba a realizar tales tareas y la enana, tan noble ella, decidió que esa mañana sólo pipiseaba. ¡Uf! Fue un alivio porque si no se rosaría y la verdad es que me iba a sentir muy mal. Ese día no estaba dispuesta a ceder a pesar de las suplicas de mi hermana: yo podía cuidarla pero ¿cambiarle el pañal? No. Se lo cambié de pipí y fue tarea relativamente fácil. Con el resto de sobrinas y sobrinos evité siempre estar en una situación similar (lo sigo evitando); aunque en algún otro momento no me libré de elevar las piernitas de la primogénita, sí la misma que me encargaron aquella vez, y limpiar cuidadosamente ese embarrado de caca en sus nalguitas, no sin antes contar con un paliacate en la cara, guantes, goggles y demás enseres emergentes para evitar cualquier embarramiento en mí.

La caca es algo de lo que no nos podemos librar: todos llevamos siempre un poco dentro. Las excepciones son claras: una cirugía programada o una radiografía de columna en zona lumbar en la que debes aplicar un edema la noche anterior. Un edema que te deja caca con más agua, gracias a una manguerita que te filtra analmente esa agüita.
La caca es mágica: acudimos al baño y es capaz de revelar qué parte de lo que comimos ya procesamos. Y como los famosos rascahuele puede mostrar el olor de la fruta, sobretodo si se trata de papaya o guayaba. ¡Mmmm si nuestras cacas habaran…!

Todos hemos visto caca en nuestra vida, la nuestra a menudo. Lo recomendable es que la veamos diario, pero existen quienes no tienen tanta suerte y sólo la ven una vez por semana. Esto la convierte también en camaleónica: no siempre es cilíndrica, a veces es cónica y otras es un ardoroso chorro café (nótese: me he enfermado mucho de la panza). Ni hablar de la dureza, pastosidad o, en su caso, densidad que es finalmente lo que revela nuestro grado de estreñimiento o si tenemos bacterias en el intestino y debemos acudir al médico.

Cuando llegó nuestra San Bernardo tenía cuatro años y yo creo que le daban Campeón porque hacía unos pastelazos de champurrado, que no veas! Ya con Nupec eso se quitó por completo: sus eses firmes y con la humedad adecuada para poder ser levantada con un trozo de periódico. Diamond cumple la misma función pero los primeros minutos son cacas muy aguadas y se corre el riesgo de que el periódico se moje demasiado y pase a los dedos (lo bueno es que uso las uñas cortas).

Existe tanta información en la caca que hasta copro (análisis coproparasitoscópico) nos hacen. Una médica nos dijo una vez que en un caso extremo, algo así como guerra o catástrofe natural, el ser humano puede sobrevivir si come su caca y bebe su orina. Lo tengo en cuenta, pero prefiero que llegado el momento, pueda beber la cicuta.  

Me encanta ver mi caca todos los días, a veces más de una vez, quiere decir que todo va bien. Verla flotando me alivia, me quita peso de encima, pedos (literalmente), ablanda mi abdomen y hasta como que me siento más ligera.

Este texto lo debo a mi musa “31 minutos” y a ese maravilloso personaje “Juan Carlos” que recordé hoy después de ver a la Pandra defecar tres veces seguidas. Aquí el link para entender la razón.

¡Felices evacuaciones!

Para saber más:  http://www.muyinteresante.es/tag/caca 

http://www.taringa.net/posts/offtopic/14605477/Todo-lo-que-siempre-quisiste-saber-sobre-la-caca.html
http://mioplanet.org/la-ruta-de-la-caca-posible-soluci%C3%B3n-construcci%C3%B3n-de-un-ba%C3%B1o-seco