![]() |
| "Boulevard du Temple" por Louis Daguerre, 1838 Fuente: El rollo fotográfico |
Estoy empecinada con la fotografía
analógica. Lo sé, estamos en dos mil trece. La fotografía digital es más barata
y por lo tanto abunda. ¿Quién en su sano juicio habría fotografiado su plato de
comida lleno y luego vacío hace —incluso— veinte años?
Llegaron los colores brillantes y
el esmero se esfumó como un negativo expuesto a la luz. Nadie dice que las
fotos de las fiestas familiares, los primeros pasos y el Datsun nuevo tengan la
belleza partida de un punto aureo, pero eran cuidadas, había dedicación en
ellas, también se tomaban con cariño.
Me gusta la fotografía digital, es
bella y manipulable en un tris tras; pero la fotografía analógica me gusta mucho
más que millones de pixeles aglutinados. Cierto es que el olor del revelador es
penetrante, lastimoso y hasta violento. Sin embargo el momento mágico es cuando
sumerges el papel en este químico y aparecen esas manchas que se convierten en
figuras hasta completar una imagen.
Vas con tu camarita de 35 mm, los
turistas te ven —ahora sí— como subdesarrollada. Evalúas la luz, los elementos,
el mejor ángulo, la velocidad del diafragma, incluso usas el tripie y disparas.
El ruido mecánico del obturador te indica cuándo moverte. Y así haces treinta y
seis exposiciones, aunque te lleve días el concluir la labor. En otro momento
acudes al cuarto obscuro, preparas los químicos, sacas la película y la metes
en su carrete y tanque de revelado. Realizas el proceso por una hora o poco más.
Cuelgas la película —si es que no se veló—, una vez seca, la cortas y la
guardas celosamente en fundas apropiadas que conserven esos microcristales de
haluro de plata en su sitio, sin polvo, ni rayones. Por la tarde u otro día, tal
vez, te darás el lujo de imprimir algunos de esos momentos que capturaste.
Revisarás el diafragma de la ampliadora, ajustarás la distancia, enfocarás la
imagen, harás tiras de prueba, determinarás el tiempo, expondrás una hoja de
papel a esa luz que traspasa el negativo, la sumergirás en el revelador,
fijador y agua. La verás, quizás hagas otra donde reserves luz en algunas zonas
de la foto. La tendrás al fin.
Sí, así es, la fotografía analógica
es más cara en materiales y tiempo. En un día entero de trabajo puedes obtener
sólo una foto que en verdad te guste; a veces ni eso. Me suena que es arte, lo
vivo como arte. Las imágenes positivadas con el sulfato de bario y el haluro de
plata, en este dos mil trece, se convierten en una denuncia artesanal.
Kodak quebró… mejor dicho ¡¡Kodak
quebró!! Y a mí me parece que es sólo una de las empresas víctimas de la
globalización y el fast-todo. Por
fortuna, o tal vez no, existimos algunas personas que buscamos preservar lo que
perdura, por ejemplo una foto capaz de lucir como el primer día después de cien
años. La lomografía
es un movimiento actual que busca que las gelatinas de plata sigan en nuestras
vidas con colores y efectos tan innovadores y artesanales a la vez, que cualquier
Cyber-shot se queda boba. ¡Vivan las
Lomo! ¡Vivan las réflex análogas! ¡Viva Niépce! ¡Viva Daguerre!

Cuando leíste tu texto en clase me imaginé que era una especie de añoranza por aquellas cosas que uno aprendió bien precisamente cuando estaba en la edad de aprender, y que lo nuevo es rechazado con muchos y numerosos argumentos pero que en realidad, en el fondo, es mera melancolía. Pensé, incluso, por el tono del escrito, que reconocías que eran argumentaciones emocionales y nada más. Sin embargo, desde el día de tu lectura, hasta hoy, me he venido mimetizando con tu opinión y empiezo a creer precisamente que el fenómeno de la fotografía dejo de ser una búsqueda en la mayoría de los casos y se convierte en una mera forma de evidenciar todo. Seguramente tener EL TODO documentado, no es malo, pero ya convierte en una tarea más difícil el encontrar lo rescatable, lo cuidado, lo pensado, lo bello, lo diferente.
ResponderEliminarY es una oportunidad y a la vez no. Hoy vemos fotos que dicen algo de esa cotidianidad y que te permiten conocer más de pedacitos de la sociedad; sin embargo existen millones de fotos absurdas que ni el millonario más millonario de entonces la habría tomado. Era un desperdicio. El caso es que hoy no es considerado como tal porque, relativamente, no cuesta. Habría que analizar que en realidad sí tiene un costo económico y de tiempo, sobretodo de este. Yo creo que tan sólo el archivarlas es una tarea difícil no? peor aún si se quiere encontrar lo rescatable como tú dices.
ResponderEliminarNo te creas creo que exageré en varias cosas. Una de ellas decir 20 años cuando yo creo que eso se puede reducir sin problemas a 10. Y el tono melancólico como en el texto del proyector, tal vez sea clima o el Popo que afectan mis neuronas jejejeje. :D