Dice mi mamá que me parezco a mi papá porque uso el diccionario cuando
no conozco algo, y si alguien me pregunta suelo ir a este librote y leerle la
respuesta de ahí o bien darle la herramienta. El caso es que un día, hace años,
escuchaba a Mecano tumbada en el piso, deteniendo en alto la antena de mi
receptor de FM, captando con el cuerpo entumecido Oldies but goodies de
la famosa Estéreo 97.7, grabando y regresando para borrar los comerciales. Ese
día salió por las bocinas la voz de Ana Torroja cantando a un hombre que tenía
un “bigote rocococo” y al cual le pide que se reencarne en lápiz o en papel...
y Cadaqués... y surrealista... y anacoreta... y catalán... y Gala... y Dalí. Mi ignorancia
era tal, que no entendía la mitad de la canción, sobre todo eso de Dalí ¿qué
era eso? Al final, por lo menos entendí que se trataba de una persona y que
seguramente hacía dibujos y/o pintaba. Como era costumbre elevé mi osamenta y
me dirigí a ese único librero que existía en mi casa, ubiqué la enciclopedia de
Walt Disney —que ostentaba, ostenta, aplicaciones en crayola que datan de la
niñez de mis hermanos y mía— y junto a ésta se encontraba el Pequeño Larousse
Ilustrado —el de pasta roja—, lo tomé e hice lo mismo con el Pequeño Larousse en
color —el de pasta negra. Pasé de un golpe la primera sección, crucé ese grupo
de hojas rosadas que dividía los nombres propios de los comunes —hojas que
nunca supe qué contenían a pesar de mi afán de recurrir a menudo al diccionario—
y llegué a la D, la D-a, la D-a-l, y antes de encontrar la D-a-l-i vi en una
ilustración de unos dos centímetros por tres —tal vez soy optimista— una imagen
impactante: era un Cristo crucificado que colgaba-flotaba del cielo y debajo estaba
el mar y un pescador, era el Cristo de San Juan en la Cruz. El catolicismo
extremo que vivía por aquella época me hizo rendirme doblemente ante tal
belleza, para mi sorpresa era obra de ése al que yo buscaba. Así que no sólo
descubrí que Dalí lleva acento, sino que también pintaba increíblemente. Corrí
por una biografía a la papelería y, dado que era más actual que mi diccionario,
descubrí que él había muerto y yo tuve nueve años para conocerlo y no lo hice; no
sabía que existía. Amé a Mecano, los sigo amando: me enseñaron a Dalí, me
condujeron al surrealismo. La palabra más rara de aquella canción fue ascetas sobretodo porque lo que transcribí de aquella cinta fue aztecas, tiempo después
descubrí que era ascetas, en fin, yo y mi mal oído. En los años siguientes
busqué en otras fuentes y vi El perro andaluz y La edad de oro y después de
leer y admirar y entender: hoy cuelgan de los muros de la casa litografías de
Remedios Varo.Dado que solía grabar ese programa en audiocasetes, y en esa ocasión Oldies estaba homenajeando al trío español tuve la fortuna, sí: fortuna, de escuchar con detenimiento y muchas veces varias de sus canciones. Al ir oyendo la discografía completa de Mecano descubrí historia, posturas y palabras, de éstas últimas dejo una breve lista que busqué y aún lo hago cuando la memoria me falla:

