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Estado laico - Ahumada
La Jornada, 16 de diciembre de 2011 |
“Te negaré tres veces antes de que llegue el alba” no es de ninguna
manera igual a “me negarás tres veces antes de que llegue el alba”. La
primera es autoría de Pablo y la otra de Jesús. Sí, el mismo al que le
entregaron las llaves de cierta ciudad norteña. No hay nada mejor que la
laicidad de nuestro gobierno.
Cuando
trabajé en el gobierno del estado, fueron a bendecir, no una, ni dos, sino tres
veces el nuevo edificio —obviamente para la tercera ya no era tan nuevo—, el
cual durante años fue un elefante blanco sobre la avenida Atlixcáyotl.
Yo creo que entre el hurto de los materiales mientras estaba en obra y los años
de abandono han de haber
creído que estaba muy salado. Y ahí fue el entonces vocero de la
Arquidiócesis, Eugenio Lira Rugarcía, con su agua dándole la bendición a cada
ladrillo, cada cristal y cada peldaño supuestamente laico.
¿Cómo
deshacernos de ésa, considerada por muchos, nuestra primera bandera? La Virgen
de Guadalupe acompañando a Hidalgo a esas horas de la madrugada es una imagen
reproducida hasta el cansancio, fija en nuestra mente. Somos católicos, incluso
si hemos nacido en una familia chiapaneca que usa la chilaba. Somos católicos porque lo hemos
aprendido de nuestras escuelas laicas, ésas que organizan misas para las
graduaciones de kinder, primaria y
secundaria. Los mormones mexicanos, aunque no quieran, son católicos; los
cristianos, son católicos; hasta quienes han decidido dejar las religiones de
lado, son católicos. Como diría Cristina Pacheco: aquí nos tocó vivir y el
castigo, la culpa y los remordimientos están en las entrañas de nuestra gente.
Así fue regulado nuestro comportamiento en la niñez, y continúa en la adultez.
Llegas tarde: te quedas de rodillas; no pagas la colegiatura: no haces examen;
tres retardos: te descuentan un día; suena tu celular en junta: y las miradas
indican que te irás al infierno, y ahí te sientes. Siempre a garrotazos.
Evitamos actuar mal —lo que sea que signifique esta palabra— para evitar el
castigo, no para vivir en comunidad, no para respetar a los otros.
Otra muestra
de la no laicidad de México es que votamos -quise decir votaron, yo hice lo
posible por evitarlo- por un candidato que ondeó en campaña, al puro estilo
independentista, un estandarte de la Virgen de Guadalupe. Yo creo que ése ha
sido el acto más descarado e ignorante —de las leyes mexicanas— de un personaje
que debiera acatar al Estado laico. No obstante qué podemos decir si otro fue a
ver al Papa poco antes de iniciar las campañas y, ¡bueno, hasta en Los Pinos
hay capilla!
Lo cierto es
que el jueves y viernes santos son días de asueto para todos, los bancos no
trabajan, son también vacaciones oficiales en las escuelas públicas y así se
llaman “Vacaciones de semana santa”. El 25 de diciembre es feriado, las
vacaciones de fin de año coinciden con esta fecha y para muchos trabajos
también aplican. ¿Por qué no descansar cuando más frío hace que es enero? Ni
qué decir del doce de diciembre que suelen dar medio día en algunas
dependencias o incluso el día entero. No son costumbres, es la religión que
camina por nuestra mitad de sangre española.
Es algo que
arrastramos desde hace mucho tiempo: El color blanco de la bandera Trigarante
significaba religión, era una de las tres garantías de nuestro pueblo; más
tarde cuando adoptamos la bandera actual el blanco tomó el significado de unión,
por eso los yunquistas detestan a Benito Juárez, por reformista y obviamente
laico, cosa rara por su historia personal.
Ahondando un
poco más en la historia podemos atar cabos: La guerra cristera terminó en 1929,
año en el que también se fundó el Partido Nacional Revolucionario —PNR, hoy PRI—
y el país toma por fin un tinte laico; pero llegados los años cincuenta inicia
la Revolución cubana y el comunismo entra en auge, a los gringos les dan
ñañaras y la derecha nacida en 1939 con el Partido Acción Nacional se
fortalece. Los expresidentes Miguel Alemán (1946-1952) y Abelardo L. Rodríguez
(1932-1934) se afiliaron al Frente Cívico Mexicano de Afirmación
Revolucionaria, que no fue otra cosa más que la derecha articulada en el poder
y puesta en marcha durante el mandato de Adolfo López Mateos (1958-1964), quien
por cierto hacía le oficiaran misas particulares en la capilla de Los Pinos. Este
último propicia la llegada de su sucesor, Gustavo Díaz Ordaz, quien formaba
también parte de la derecha recalcitrante del priísmo, algo así como yunquistas
pero tricolores. Ese señor que se declaró muy “orgulloso del año de 1968” metió
a su gabinete como secretario de salud al general al médico militar Rafael
Moreno Valle, abuelo del actual gobernador de Puebla, quien por supuesto
comulgaba con la ideología del entonces presidente. Finalmente Rafael Moreno
Valle Rosas representa, al paso de los años, a esa derecha más recalcitrante
que la de su abuelo, esa derecha intolerante, esa derecha obceca, esa derecha
anticomunista, esa derecha religiosa, esa derecha antigays, esa derecha tan
terca que es capaz de montar una rueda de la fortuna que evidentemente ni los
melquiadistas querían.
Le apuesto al Estado laico. Me siento más cómoda en él. Me gusta. Y si
esa revolución y esa guerra y demás decretos ideológicos que declaran a México
laico creemos que aún pueden servir de algo, tal vez debamos iniciar reubicando
eso periodos vacacionales y renunciar a algunos días de asueto. Creo que no es
correcto desafiar esos escritos y entregarle las llaves de una ciudad a
Jesucristo; sin embargo lo entiendo y creo que hasta una parte de mí se lo
esperaba.